¿Y si la madre Tierra no nos deja socializar?

    El tema de escritura de este mes, “un punto azul pálido”, conmemora la famosa foto que tomó la sonda Voyager I en 1990, cuando se encontraba rondando la órbita de Neptuno. Ahora ya no nos envía fotografías, se encuentra a una distancia de unos 24.300 millones de km de la tierra. En ese punto azul pálido se encuentra contenido, como bien nos recordó Carl Sagan, todo lo que somos, hemos sido y seremos. Y todos los elementos químicos que tenemos accesibles.

    Yo hoy voy a hablar de un elemento químico cuyo nombre conmemora el de la antiquísima diosa Tierra de los romanos, Tellus. La diosa de la fertilidad de la tierra, a la que luego identificaron con Cibeles, la diosa madre. De ella toma su nombre un elemento extraído del interior de la tierra minera de Transilvania, durante el siglo XVIII.

    

Así que vamos a ver a continuación cómo puede ser que un contacto directo con la madre Tierra (o con nuestro elemento que toma su nombre de Tellus), ¡pueda terminar con nuestra vida social!

    Franz Joseph Müller von Reichenstein era el responsable de la supervisión de minas y acuñación de monedas en Transilvania a finales del siglo XVIII. Su formación incluía una gran diversidad de estudios, desde filosofía y leyes, hasta minería, mecánica, mineralogía y química. Su formación y su cargo lo llevaron a atesorar una buena colección de minerales raros, sobre todo recogidos durante sus viajes por toda Europa. Uno de esos minerales llamó poderosamente su atención. Se trataba de un mineral que provenía de una mina de oro cerca de Zlatna, en Transilvania, Rumanía. Conocido como aurum problematicum, aurum paradoxum, o aurum album, desconcertó durante un tiempo a los investigadores.


    El mineral tenía lustre metálico y se pensó inicialmente que contenía antimonio elemental. En 1782, Müller publicó esta conclusión, pero al extraer la substancia de aspecto metálico y analizarla se comprobó, sin embargo, que no se correspondía con antimonio. Müller entonces publicó que era sulfuro de bismuto, pero también se comprobó que era erróneo. Al final, su conclusión fue que debía ser  una combinación de oro con un elemento desconocido. Esta última conclusión, después de dos intentos fallidos de explicar la naturaleza del mineral, la publicó en 1783 en una revista austriaca poco conocida.

    Durante unos 15 años, el descubrimiento de Müller quedó en el olvido. Pero todo volvió a moverse después de que en 1796, le enviara las muestras de mineral a Martin Heinrich Klaproth, un importante químico alemán, para que confirmaran su suposición. Klaproth confirmó que se trataba de un nuevo elemento, y lo purificó para obtener el elemento sin combinar.  Además propuso el nombre de teluro, en relación a la diosa romana Tellus, en referencia a la extracción del mineral de las profundidades de la tierra. Aunque propuso el nombre, atribuyó el hallazgo a Müller.
    El descubrimiento no estuvo exento de polémica, ya que la muestra de teluro que Müller envió a Klaproth no fue la primera a la que este último tuvo acceso. En 1789, el químico y botánico Paul Kitaibel había enviado unas muestras procedentes de las minas de Nagybörzsöny, en Hungría, para que Klaproth las examinara y concluyera si era un nuevo elemento. Klaproth concluyó que contenía bismuto y no prestó más atención al tema. Cuando recibió unos años después la muestra de Müller y publicó el descubrimiento del teluro, no mencionó la muestra de Kitaibel. Esto fue interpretado por Kitaibel como un intento de Klaproth de robarle su descubrimiento, ya que no conocía el trabajo previo de Müller. Este malentendido generó un intercambio de cartas donde se discutía el tema, y que han sido conservadas en los archivos del Museo Nacional de Hungría, en Budapest.
    Una vez conoció el trabajo de Klaproth sobre el teluro, Kitaibel escribió una airada carta a Johann Georg Lenz, profesor de mineralogía en Jena (Alemania). Se quejaba, a su modo de ver con razón, de que Klaproth se estaba apropiando de su trabajo:

    Los rumores fueron corriendo por el mundo académico, llegando a salir de ese ámbito, ya que un día, Klaproth se encontró con este texto publicado en el Wieland's New German Mercury, en el que le acusaban directamente:

    Klaproth rápidamente contestó, ya que se trataba de una acusación muy grave, explicando la situación:


    A esto siguió una serie de cartas que intercambiaron Klaproth y Kitaibel, donde finalmente este último quedó convencido de la honradez e integridad del primero.



    Una vez el nuevo elemento, Tellus, teluro, fue reconocido como tal y la polémica por su descubrimiento zanjada, volvamos la afirmación que hice al principio. ¿Cómo es que un simple elemento con aspecto metálico va a afectar a nuestra vida social?

    El aspecto del teluro elemental, no combinado, es el de un elemento más o menos metálico. Aunque posee el típico brillo metálico no es estrictamente hablando un elemento metálico, sino que podemos mejor clasificarlo como semimetal o metaloide.

    Es un elemento de baja toxicidad en su forma elemental (aunque sí algunos de sus compuestos), pero hay que tener mucha precaución si lo tocamos sin la protección de guantes. De hecho, como explican en el vídeo, si tocamos el teluro con la mano desnuda, en pocos segundos tendremos la prueba inequívoca de que efectivamente, era teluro:


        Efectivamente, el teluro se absorbe por la piel, es liposoluble y pasa fácilmente a nuestro organismo. Aunque como hemos dicho, su toxicidad es baja, sin embargo a partir de ese momento podremos sentir el efecto de las miradas aviesas y la soledad. Efectivamente, hace falta una pequeñísima cantidad de teluro para que sintamos sus desagradables y olorosos efectos. En 1884, una serie de voluntarios fueron puestos en contacto con unos pocos microgramos de teluro. Tras una hora, se detectó un fuerte y característico olor a ajo en el aliento de los voluntarios, y el olor no desapareció en ningún caso antes de 30 horas. Incluso, algunos "afortunados", pudieron disfrutar de su "aliento telúrico" durante 8 meses.  Ese olor se debe a que una vez en el organismo, el teluro forma compuestos volátiles, tales como el (CH3)2Te, que puede detectarse en el ambiente con menos de 10 microgramos por metro cúbico de aire. No deja de resultar poético que el elemento que nos provoca un tremendo olor a ajo se descubriera a partir de un mineral extraído de Transilvania, cuna en nuestro imaginario del famoso enemigo del ajo, el Conde Drácula. 

    En general, los compuestos de teluro son extremada y desagradablemente olorosos ¿Se ve ya claro por qué la madre Tierra, en su forma de teluro, no nos dejaría socializar?

    Aunque he comentado que el teluro elemental tiene una toxicidad baja, sin embargo hay algunos compuestos de teluro que son extremadamente peligrosos. Por ejemplo, el telurito de sodio, Na2TeO3, es letal con una dosis de tan solo 2 gramos. De hecho, se descubrió por accidente, en 1946, cuando tres soldados los recibieron como parte de su tratamiento médico, estando contenido en un frasco mal etiquetado. Dos de ellos murieron en cuestión de 6 horas. Una forma aún más desagradable de dejar de socializar, dicho sea de paso.


    Como última curiosidad, se acuñaron en Hungría, en 1896, unas medallas, de las cuales existen dos o tres en el mundo, a base de teluro elemental, obtenido de las minas de Nagyág. Tienen un diámetro de 43 mm y un espesor de unos 5.5 mm, con la inscripción "Teluro de Nagyág, 1896" en una cara, y "Real Horno de Fundición Húngaro en Selmeczbánya" y un par de martillos cruzados en la otra. Una de ellos se encuentra en el Museo Nacional de Hungría y la otra en la Universidad de Sopron.
 

¡Sería todo un olor ser condecorados con ellas!




Esta entrada se ha creado para participar en Café Hypatia con el tema #PVpuntoazul

Comentarios

Entradas populares